Uno de los diagnósticos que más han dado que hablar tanto a profesionales del ámbito clínico como del educativo es el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Este mes de marzo, la facultad de psicología de la Universidad de Sevilla ha acogido unas jornadas en las que los expertos debatieron sobre el estado actual del trastorno.

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo que se origina en la infancia e implica problemas de atención, impulsividad e hiperactividad. Los manuales de diagnóstico que utilizan psicólogos y psiquiatras, el DSM-V (de Estados Unidos) y el CIE-10 (internacional), son herramientas que sirven para identificarlo. Existen tres tipologías: niños que son predominantemente inatentos, menores predominantemente impulsivos e hiperactivos y una tercera variante combinada. La realización de test y entrevistas a familiares y profesores también se utilizan para realizar un diagnóstico lo más afinado posible.

En las jornadas de la universidad sevillana participaron el doctor en psicología Marino Pérez Álvarez de la Universidad Oviedo y el neuropsicólogo clínico Javier Tirapu Ustárroz. Ambos expusieron modelos distintos de entender el TDAH.

Imagen: ep_jhu

Pérez Álvarez alertó del error que sería etiquetar con TDAH a un menor que simplemente se comportase de forma problemática. A su juicio, estos casos no son niños con trastornos sino con problemas de conducta y que al diagnosticarlos con el trastorno se convierten en patologías sucesos inherentes a la condición humana.

Según el experto, el TDAH debe entenderse como un problema que un individuo presenta en relación al contexto donde se desenvuelve. “Lo determinante es el ambiente. Aun si existiera ese gen, la cuestión es que aun alguien teniendo todo el conjunto de genes TDAH, podría igualmente no serlo, dado que el ambiente debería propiciarlo igualmente”, afirmó. De ese modo, si se variara el contexto en el que está el niño, su conducta se modificaría por haber cambiado aquellos factores externos que condicionan su comportamiento.

Aunque Pérez Álvarez admite que existen dificultades de atención y de control de impulsos, no es partidario de utilizar la etiqueta TDAH para explicar este comportamiento. Criticó que darle nombre a un conjunto de conductas problemáticas no dice nada nuevo, solo lo etiqueta, llegando a razonamientos circulares en los que se afirma que alguien tiene TDAH porque tiene X conductas y tiene X conductas porque sufre TDAH.

En cuanto al uso de medicación, el experto no la considera justificada y apuesta por tratamientos conductuales, es decir, que realizan cambios en el ambiente para modificar la conducta.

El peso del cerebro y del entorno

Por su parte, Javier Tirapu partió de un modelo centrado en la relación del cerebro con la conducta. El neuropsicólogo considera que los pacientes con TDAH tienen un perfil cognitivo diferente al de los demás. El cerebro realiza varias funciones como memorizar, percibir o atender, lo que se traduce en comportamientos distintos si dichas funciones están alteradas o no desarrolladas del todo.

Aun poniendo énfasis en las funciones cognitivas que operan en el cerebro del niño con TDAH, Tirapu no niega que el ambiente influya en la persona. Cree que también es un factor importante  ya que los eventos externos pueden modificar estructuras cerebrales. “La dualidad genes-ambiente es algo arcaico, no existe algo así. La doble hélice entrelazada es modulada por la experiencia, los grupos de histonas –proteínas en los cromosomas– cambian en función de las experiencias que tengáis”, explicó.

Parte de su crítica se dirigió a las formas de evaluación diagnóstica y consideró un error partir de una serie de síntomas o usar test para desarrollar un buen diagnóstico. En su opinión, puede haber varios niños que presenten las mismas conductas pero no por ello deberían tener el mismo diagnóstico ya que se podría confundir con otro trastorno de características similares. De esta forma, el experto pidió una mayor discriminación diagnóstica a la hora de realizar evaluaciones, dando más importancia a aquellas que estuvieran basadas en evaluaciones neuropsicológicas.

Imagen: ADHD · Practical Cures

Falta de marcadores biológicos

Aunque algunos de los planteamientos de los expertos diferían, también tenían puntos en común. Ambos negaron que la categoría del TDAH como una enfermedad fuese adecuada. “Hay una cuestión que tenemos clara, no es una enfermedad, luego puede haber matices sobre si es un trastorno o un problema”, indicó Tirapu.

A su vez, los dos coincidieron en que no existían marcadores biológicos para este trastorno, sustancias del organismo que sirven para detectar una patología. El neuropsicólogo avanzó que tiene pendiente de publicar varios estudios que apoyan la tesis de estos biomarcadores. También consideraron el sobrediagnóstico como un problema que tener en cuenta, debido en gran parte a evaluaciones espurias que se conforman con hacer uso de entrevistas o simplemente tirar de manual de diagnóstico.

Los dos expertos estuvieron de acuerdo en que el uso de medicación no es del todo adecuado, pero aceptaron su empleo en casos excepcionales. En las conclusiones de las jornadas Tirapu planteó poner más énfasis en distintos niveles de análisis y no estancarse solo en el componente biológico, lo cual compartía Pérez Álvarez.

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