Ciencias Naturales

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Sabater i Pi y la industria de los chimpancés


“Los chimpancés son conscientes de su parentesco con el hombre”


Obituario de uno de nuestros mejores estudiosos del parentesco entre humanos y otros primates.


13 de enero de 2010

Rafael Honrubia\\ divulgaUNED.es - “Estoy harto”, clamaba en cada entrevista el etólogo Jordi Sabater i Pi cuando le preguntaban acerca del gorila albino que llevó al Zoo de Barcelona, Copito de Nieve. “Estoy harto de repetir que esto no significa nada especial”, estas fueron sus palabras en 2003 tras la muerte del gorila. El primatólogo ha explicado cientos de veces que encontró al gorila de una manera casual; unos cazadores se lo entregaron tras matar a su familia. Estaba tan depauperado que no hubiera sobrevivido, por eso lo envió al zoo. De alguna manera, la fama del primate eclipsó en el ámbito popular sus hallazgos como zoólogo. No obstante, sus colegas reconocieron sus meritorios logros, entre ellos, que hay industria más allá de los humanos. Hasta su muerte el pasado 5 de Agosto, este catalán pionero en el estudio de los gorilas se cansó de repetir que Copito de Nieve era una anécdota en su carrera científica.

Sin embargo, su mordacidad se desvanecía cuando las conversaciones se dirigían hacia sus descubrimientos. Denotaba pasión al hablar de los gorilas, chimpancés y bonobos que estudió en África y recordaba con un cariz romántico su llegada al continente. El día de San Juan de 1940, tras un mes de travesía en barco desde Barcelona huyendo de la posguerra española, Sabater i Pi desembarcó en la isla de Fernando Poo (actual Bioko), en la Guinea Ecuatorial. Sólo tenía 17 años. “Me quedé hechizado, era tal y como me habían enseñado en las fotos de la escuela francesa. Esas imágenes las llevaba en el corazón y las reviví. Ahora no sería igual. Los hombres han cortado bosques, han matado animales y los indígenas se han europeizado”, declaró.

Su viaje a este país fue crucial para el desarrollo de su trayectoria profesional. Allí pudo estudiar el comportamiento y costumbres de los indígenas fang y las características de diversas especies de animales autóctonos. Casi 30 años duró su estancia en esta colonia española donde se formó de manera autodidacta. En 1969 Guinea Ecuatorial se declaró independiente y Sabater i Pi regresó a Barcelona. Tres años después recibió una beca de National Geographic para continuar sus investigaciones sobre primates en Rwanda. Allí estudiaría los gorilas de montaña junto a la zoóloga retratada en Gorilas en la Niebla, Dian Fossey.

En 1976, se incorporó como profesor del departamento de Psicología de la Universidad de Barcelona e introdujo la etología por primera vez en España, es decir, fue el primero en abordar el estudio del comportamiento animal en su hábitat, sin filtros culturales. Una ciencia, sostenía, que “nos puede enseñar las claves de la cultura humana”.

Unicidad cultural humana

Hace un siglo explicarle a alguien que se puede encontrar el origen de la cultura humana estudiando a los primates hubiera sido motivo de escarnio. Sin embargo, las investigaciones realizadas en el último medio siglo confrontan esta imagen. El mismo año que encontró a Copito de Nieve, Sabater i Pi descubrió, junto con Jane Goodall, que los chimpancés fabrican objetos, es decir, poseen industria. A partir de este momento, “el descubrimiento de nuevas conductas culturales, tanto de índole instrumental o tecnológico como social, en los chimpancés y otros primates superiores, se ha sucedido continuamente, hecho que cuestiona cada vez, con renovado vigor, toda la problemática que gravita alrededor de la unicidad cultural humana”, subrayó el zoólogo barcelonés.

Los chimpancés fabrican unos bastones con una escobilla en uno de sus extremos que emplean para alcanzar termitas y usan piedras para abrir nueces, no pueden hablar porque no tienen laringe, pero pueden aprender hasta mil palabras mediante signos y colores. Además, ante la muerte de un compañero se muestran tristes y no se alejan del cadáver; conocen una farmacopea propia, con más de 50 plantas medicinales, cuyos usos han sido copiados por el hombre en algunos casos. Hace algunos meses un grupo de chimpancés fue visto usando lanzas afiladas con sus dientes para cazar crías de gálagos (pequeños primates nocturnos), un descubrimiento que implica un nivel más avanzado en el empleo de herramientas utilizadas por nuestros parientes vivos más cercanos, ya que hasta ese momento el uso sofisticado de una herramienta para cazar nunca se había visto en animales.

Un estudio del Instituto de Antropología Evolutiva Max Planck, liderado por los científicos Cristina M. Gomes y Christopher Boesch y publicado hace unos meses, demostró que los chimpancés hembras mantienen relaciones sexuales más frecuentemente con aquellos machos que comparten la carne que cazan con ellas. Esta investigación desarrollada en el Parque Nacional Taï de Costa de Marfil concluye que los primates son capaces de hacer previsiones de futuro. Gomes, en este sentido, explicó que la primera prueba científica de este intercambio de carne por sexo entre los chimpancés demuestra que existe un trato entre machos y hembras a largo plazo. “Los machos que compartían la carne con las hembras doblaban sus posibilidades de copularse, mientras que las hembras, que tenían difícil conseguir comida por sus propios medios, incrementaban su ingesta de calorías sin sufrir los costes energéticos y el riesgo potencial de ser heridas en la caza”, añadió.

Pensar en el pasado y en el futuro

“Nuestros descubrimientos se suman a la creciente evidencia que sugiere que los chimpancés pueden pensar en el pasado y en el futuro y que eso influye en su comportamiento presente”, destacó Boesch. Además, Gomes cree que las conclusiones del estudio pueden servir para comprender mejor las relaciones entre hombres y mujeres, y si éstos establecían las mismas preferencias de sexo por carne en las primeras sociedades cazadoras y recolectoras. Entonces, si la cultura, el lenguaje, la inteligencia y las emociones no son rasgos distintivos y exclusivos del hombre. ¿Qué nos diferencia?

Según Sabater i Pi, básicamente nos distingue el sistema de comunicación, que para los humanos es acumulativo con una copiosa cantidad de conocimientos que fluyen de generación en generación. Los grandes simios están tan próximos genéticamente a nosotros, que el etólogo siempre consideró una injusticia encerrarlos. “Algún día la humanidad será juzgada severamente por haber encerrado primates en los zoológicos. Nuestros nietos no podrán comprender por qué lo hicimos. Piense que ahora vemos la esclavitud como una cosa terrible, pero en su época estaba bien vista”, lamentaba.

A Sabater i Pi le impresionaba sobremanera la proximidad de los primates con el ser humano. En el caso de los chimpancés, decía, “toda su cultura es aprendida de sus padres”, es decir, “podemos dividir la conducta de los chimpancés en áreas culturales”. El hábito de construir herramientas es distinto en unas familias de chimpancés que en otras. “Antes era inconcebible que un chimpancé tuviera una industria y otro ejemplar, otra distinta y no actuaran por instinto sino aprendiendo. Por eso, es imprescindible que estos animales crezcan en sus biotopos naturales y el inconveniente de encerrarles en zoológicos”.

Además, “ellos son conscientes de su parentesco con el hombre. Saben que son nuestros primos más cercanos y tienen un interés enorme en comunicarse con nosotros”, explicaba en una entrevista. “Constantemente están tendiéndote la mano para tocarte, mirándote a la cara en busca de tu reacción, hasta el punto de que existen pruebas de laboratorio que demuestran su convicción de que somos iguales a ellos: se le ha dado a un grupo de chimpancés una serie de fotos de animales con la intención de que las clasifiquen. Ellos colocan a las ratas con ratas; a los elefantes con elefantes; a los gorilas con gorilas...y, cuando llega la hora de clasificarse a sí mismos, se incluyen en el mismo paquete de fotos que los humanos. Nos ven como si fuéramos parte de su familia”.

Éste fue su legado. Una capacidad innata para observar minuciosamente las conductas animales y plasmarlas en más de 2.000 dibujos y 150 trabajos y una empatía extraordinaria con los primates que le sirvió para alejarse del antropocentrismo. “Somos primates. Compararnos con los monos es algo que nos molesta porque es una evidencia de que Darwin tenía razón. Todavía hoy en día hay mucha gente que no cree en la evolución, muchísima… ¿cómo puede ser? Porque no se enseña, inclusive en algunas universidades”. Pero también arrastraba consigo cierta resignación. “Yo creo que los gorilas desaparecerán muy pronto, en un plazo de 30 o 40 años. No mucho después desaparecerán los chimpancés”, lamentaba el etólogo, a quien le gustaba especialmente la frase del fotógrafo de naturaleza Steve Bloom: “mira a los ojos de un gorila y cambiarás para siempre”. Sabater i Pi miró a los ojos de los primates y vio algo en su interior, algo más que el resto.


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