Pitágoras y su muslo de oro

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2El famoso Pitágoras de Samos fue mucho más que un matemático, como se ha empeñado una serie de fuentes tardías en hacerlo pasar a la historia. Son enormes las implicaciones de este personaje y de sus doctrinas para la historia de las ideas, relacionadas con el mundo de la religión y la ética, y así se desprende ya de sus críticas entre otros llamados “presocráticos”, como Heráclito o Jenófanes.

En sus biografías legendarias Pitágoras parece un ser a medio camino entre los hombres y los dioses, un Prometeo que acerca a los mortales el fuego de la sabiduría. La astronomía, la filosofía, la retórica, la política, la adivinación, la medicina. Nada escapa a este sabio primordial al que la opinión común atribuye un famoso teorema, las escalas musicales y algunas ideas sobre el movimiento de los astros. Hay quien recuerda también que es suya una idea que ha revolucionado a la humanidad: la de la inmortalidad del alma (y su consecuencia inmediata, la vida tras la muerte y la reencarnación). Y quien añade que fundó un estilo de vida, un grupo humano de estricta ascesis, doctrinas secretas y purificadoras.

De este filósofo legendario se cuentan muchas leyendas, recogidas en sus fantásticas biografías a cargo de los neoplatónicos Porfirio y Jámblico, que lo convierten en un ser sobrenatural. Un portento que marcaba su carácter divino era su misterioso muslo de oro, que mostraba en ocasiones singulares a otros sabios o sacerdotes, como señal de divinidad. Al verlo, el chamán Abaris el Hiperbóreo, no dudó en identificarle con el propio a Apolo, al que a veces se atribuye la paternidad legendaria del célebre Pitágoras. Una de las máximas pitagóricas era: “¿Quién eres, Pitágoras?” Y muchos dicen que era el propio Apolo Hiperbóreo al ver su muslo de oro. Aparte de esta anécdota, la biografía de Pitágoras posee todos los rasgos que caracterizan al hombre divino, lo que llama la atención al tratarse de un personaje al que se suele recordar como el padre de la tradición matemática y filosófica. Su vida está marcada por las señales de esos “filósofos chamanes”, en palabras de Mircea Eliade, que abundaron en la Grecia arcaica en el momento fundacional del pensamiento en Occidente.

David Hernández de la Fuente es investigador del Dpto. de Historia Antigua de la UNED. Es Doctor en Filología Clásica y en Historia Social de la Antigüedad. Se especializa en Historia Cultural de la Antigüedad y sus líneas de investigación son: Religión y Mitología Griega (esp. Oráculos, Dionisismo y Pitagorismo), Sociedad y Literatura en la Antigüedad Tardía (Nono de Panópolis, poesía y sociedad protobizantinas), Tradición Clásica e Historia del Platonismo (Leyes y Neoplatonismo).

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