¿Cuándo debemos acudir a la mediación familiar?

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Por Catalina Bernaldo de Quirós, mediadora y colaboradora del Programa Modular de Mediación de la UNED.

Cuando en la familia las discusiones se repiten una y otra vez sin llegar a una solución, es mucho mejor buscar ayuda, que buscar culpables. La mediación puede ser esa ayuda, rápida y eficaz. Si una relación es conflictiva pero, aun así, hay que continuarla en el tiempo, aunque no se viva bajo el mismo techo, ir a mediación ayudará a dar coherencia a la situación, hablar con sosiego, llegar a acuerdos y generar un ambiente más saludable.

El mediador es un profesional cualificado e imparcial que pone a disposición de las partes enfrentadas una serie de estrategias y herramientas para ayudarles a resolver sus dificultades por sí mismos, facilitando el diálogo y los acuerdos consensuados a través de un proceso acotado en el tiempo. La mediación conviene cuando hay que tratar conflictos concretos y manifiestos, no conflictos ocultos, rencores, mitos, alianzas o dependencias; la atención se dirige a los conflictos que se identifican en el momento presente y se exploran alternativas de soluciones prácticas. Esto no quiere decir que en mediación no se tenga en cuenta el pasado, sí se tiene, en la medida en que constituye la historia de las partes, pero el proceso se orienta decididamente hacia el presente y el futuro, ayudando a compartir lo vivido para comprenderse y avanzar hacia el acuerdo.

Es frecuente relacionar la mediación familiar con conflictos que surgen en una situación de separación o divorcio, pero ni mucho menos hay que esperar a separarse para acudir a mediación, ni es la única coyuntura en que cabe recurrir a ella. Veamos algunos otros contextos que son propicios para la mediación familiar.

Problemas de pareja. No hay que esperar a hacerse daño, faltarse al respeto y discutir una y otra vez. Si se acude a mediación a tiempo, se pueden prevenir muchos disgustos. La mediación viene bien para conocerse mejor, reforzar aquello que une a la pareja y crear armonía. De hecho, ya hay parejas que acuden a mediación para elaborar su “acuerdo de convivencia” antes de compartir un hogar, algo que ayuda enormemente a evitar conflictos y abrir vías de diálogo sobre temas controvertidos. En una mediación, las parejas pueden hablar sobre el reparto de tareas domésticas, la conciliación de tiempos y espacios, el orden y limpieza, la economía y decoración del hogar o la relación con amigos y familiares. Especialmente cuando hay hijos, conviene la mediación, pues hay que esforzarse al máximo para mantener la armonía en casa y proteger la estabilidad emocional de los niños.

Rupturas de pareja con hijos. La separación de los padres siempre es dolorosa para los hijos. Antes o después, todos los niños, independientemente de la edad que tengan, atravesarán su duelo y hay que respetar ese tiempo y estar muy atentos a que se sientan queridos y comprendidos, y nunca culpables por la separación de sus padres. En general, los 2 años posteriores a la ruptura de los padres, son los más difíciles para los hijos, y es cuando afloran más problemas psicológicos. Prever esto y contar con recursos para afrontarlo, es importantísimo. La mediación ofrece a los padres un espacio saludable de toma de decisiones y les ayuda a no volcar en los hijos los sentimientos de frustración, fracaso o abandono que genera una ruptura. Cómo explicar a los niños lo que está pasando, cómo cuidar su salud emocional durante la separación, cómo organizarse respecto de su manutención y gastos, la logística de la nueva situación, la relación con la familia extensa y amigos comunes de la pareja, horarios, comidas, normas establecidas en casa y fuera, o el acuerdo en torno a qué talentos del niño o niña potenciar y cómo, son algunas de las cuestiones sobre las que se habla en mediación.

Dificultades entre padres e hijos. Conflictos derivados del reparto de tareas domésticas, los estudios, el cumplimiento de horarios, los conflictos económicos (salidas, pagas, ropa de marca, exigencias) o las relaciones entre hermanos, abuelos, tíos, primos, son tratados en las mediaciones cuando hay problemas con niños o adolescentes. Con hijos en edad adulta, se han acentuado en tiempos de crisis económica, los conflictos derivados del regreso de estos  -a veces, con su familia- a casa de los padres. La mediación es muy útil en estos casos en que urge estructurar una dinámica de convivencia lo antes posible.

Herencias. Cuando hay que ponerse de acuerdo para repartir una herencia es muy probable que surjan tensiones familiares. Conflictos entre el progenitor y alguno de los hijos, entre los hermanos – especialmente si alguno o algunos han sido mejorados en el testamento-, confrontaciones con segundos cónyuges o con hermanos sólo de padre o madre, o bien problemas con otras personas que hayan sido llamados a la herencia, son frecuentes. Dichos problemas, al igual que los derivados del inventariado de los bienes, su valoración y el reparto de los mismos, pueden ser abordados a través de una mediación, de menara eficaz, encontrando soluciones más rápidas y económicas. Únicamente ha de haber una disposición a ello y que las partes accedan a sentarse a hablar.

Cuidado de mayores. Cumplir años y asumir las limitaciones propias de la edad a menudo no resulta una transición fácil. De hecho, en ocasiones, se produce de forma traumática: una caída desafortunada, un problema de salud acentuado, un accidente doméstico, un descuido grave con las medicinas, perder continuamente la cartera o las llaves, etc. Sean de menor o mayor gravedad, siempre se trata de hechos que crean mucho desasosiego, e implican necesariamente una reorganización en torno a la persona que se hace mayor. Hay que identificar aquello que ya no puede hacer por sí misma y ayudarle sin herir su sensibilidad. Acudir a mediación permite resolver los conflictos derivados del reparto de nuevas tareas entre hijos y allegados de forma eficaz y saludable.

Los cinco escenarios descritos, sólo son algunos de los múltiples y diversos en los que una mediación familiar puede ser de ayuda para resolver conflictos. En todos los casos, cuando el mediador identifica relaciones disfuncionales entre las partes, ya sea por ansiedad, depresión, drogadicción, anorexia, bulimia, problemas con la justicia, u otros, sugiere recurrir a una terapia psicológica u otro tratamiento específico. Para informarse con más detalle sobre la mediación como disciplina, así como sobre la cualificación del mediador puede visitarse mediacionmaster.com.

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