Del 16 al 18 de Mayo se proyecta en la Cineteca de Madrid “El orden que habito. Una sinfonía de interiores”, documental etnográfico realizado por el Grupo Cultura Urbana de la UNED.

¿Por qué una sinfonía de interiores?

Las ciudades han sido contadas desde muchos puntos de vista. Pocas veces desde su interior.

Esta es una película documental sobre el habitar contemporáneo en tres ciudades: Madrid, Ciudad de México y Montevideo. Contrapunteando las sinfonías urbanas clásicas (con su estética de la multitud, la máquina y la prisa en el espacio público), hemos querido contar desde dentro cómo vivimos. Una veintena de personas comparten reflexiones sobre los espacios que habitan, los pequeños objetos que aman, las cosas que les preocupan o les han pasado. En cada una de esas microhistorias se insinúa la completa vida de quien las cuenta.

La poética urbana es otra, entonces. La ciudad no se revela espacio del anonimato, la mercancía, la industria o las relaciones masificadas. Es lugar de afirmación personal: búsqueda, sorpresa, autodescubrimiento. En nuestras casas emerge algo hermoso y enigmático, que difícilmente se deja formular en palabras: un orden propio, un universo.

Haciéndolo visible, la etnografía da a entender la extensión del iceberg que hay debajo. Las voces se trenzan de manera coral con los ambientes y objetos que las hacen posibles, para desgranar incertidumbres, afectos y sinsabores.

La intimidad solo se deja enunciar en singular: en concreto y en primera persona. No obstante, estos testimonios invitan a preguntarse -en tiempos de hiperinflación del yo y sus industrias- en qué medida es el sujeto individual su protagonista. Y también si tales historias -aparentemente irrepetibles- gozan de algún grado de generalidad. ¿Es que somos realmente autores de nuestro orden? A fin de cuentas, la vida íntima no deja de ser un ejercicio forzado por circunstancias que nos transcienden, que nunca acabaremos de entender del todo. El vivir moderno implica tanto continuidad como ruptura, invención como repetición, planeamiento como estupor. Pende de un hilo muy fino y quebradizo. En la cotidianeidad, el sentido de las cosas no deja de hacerse y deshacerse, perennemente.

Esta película es un diálogo colectivo sobre ese hilo poético. No hemos pretendido hablar por todos los habitantes de la ciudad -una idea especialmente irrisoria, considerando los treinta millones que suman esas tres urbes juntas. Las confidencias de unas cuantas personas no carecen, empero, de relevancia. Ese es el gran misterio que la película deja en suspenso. Precisamente por el hecho de ser irrepetibles y singulares, las historias de cualquiera son historias de todos.

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