El Diario de Conxita

Diario de una niña en tiempo de guerra y exilio (1938-1944) | Ed. UNED
Diario de una niña en tiempo de guerra y exilio (1938-1944) | Ed. UNED

La renovación de la historiografía en Francia y en el mundo anglosajón en la segunda mitad del siglo XX, supuso la incorporación al quehacer historiográfico de fuentes muy diversas que permitían abordar nuevos temas, enfoques y planteamientos introducidos al socaire de la revisión de los paradigmas tradicionales del oficio del historiador. Entre estas fuentes iban a adquirir gran relevancia los testimonios orales y los escritos autobiográficos y como nuevos temas, la historia de la vida cotidiana o de los niños y adolescentes como sujetos activos del acontecer histórico. Desde estas premisas se puede considerar el Diario de una niña en tiempos de guerra y exilio, de Conxita Simarro (Madrid-México, UNED-UNAM, 2015, 272 pp.) como un documento histórico de gran interés e importancia porque  permite contemplar , a través de los ojos de una adolescente, un periodo convulso de la Historia  del siglo XX.

Conxita inició su diario el 31 de marzo de 1938, en Matadepera, un pueblecito situado a unos treinta kilómetros de Barcelona. Aquí estuvo viviendo con su familia hasta  finales de enero de 1939 en que atravesaron la frontera con Francia. Tenía once años. La familia Simarro permaneció en Francia hasta principios de noviembre de 1941 en que, tras una angustiosa espera, lograron embarcar en Marsella rumbo a México. Durante este tiempo se puede seguir en el diario la vida de Conxita y su familia supeditada a la evolución de los acontecimientos. Llama la atención la rapidez con la que la niña empezó a madurar y a tomar conciencia de la situación en la que se encontraban. En estos dos años Conxita dejó atrás la niñez y comenzó a convertirse en una adolescente.

La llegada a México significó el inicio de una nueva etapa en la vida de Conxita y su familia: el asentamiento e integración en el país que les acogía. Este proceso de integración resultaba fácil para los niños y adolescentes, no así para los adultos que, sobre todo en los primeros tiempos, no perdían la esperanza de regresar pronto a España. Conxita al igual que el resto de su familia, se quedó en México, su nueva patria y a lo largo de los tres años que cubre el diario, hasta que lo interrumpe el 11 de septiembre de 1944, pasaron muchas cosas en su vida. Vemos como iba creciendo y se transformaba de adolescente en una joven a la que le gustaban los chicos y que ya pensaba que un día ella también se casaría y formaría una familia.

Conxita describe con mucha plasticidad el país que descubría: su geografía, sus olores, su tremendo colorido, sus gentes…; e integraba en su vocabulario nuevos términos del habla mexicana; a la vez que nos descubre el mundo cotidiano de los refugiados españoles con la mirada inteligente de una joven ávida por captar y entender todo lo que le rodea. En ciudad de México el padre acabó encontrando trabajo y un piso donde alojar a la familia. La madre, como tantas otras mujeres refugiadas, iba al mercado de La Lagunilla para comprar objetos y muebles para la casa y las hijas, Conxita y su hermana Nuri, empezaron a ir a los colegios creados por los refugiados españoles.

El diario es, pues, un fiel reflejo de una intrahistoria que nos ayuda a entender mejor la reconstrucción de un tiempo pasado en el que se mueven personalidades políticas, diplomáticas, militares… Porque los grandes acontecimientos históricos son armaduras vacías si  prescindimos de todo lo pequeño,  lo cotidiano que, al fin y a la postre, es lo que hace que la vida bulla y continúe adelante.

Por Alicia Alted, Directora del Centro de Estudios de Migraciones y Exilios de la UNED

Publicación Diario de una niña en tiempos de guerra y exilio (1938-1944). Conxita Simarro. Madrid-México, UNED-UNAM, 2015.

Dejar respuesta